jueves, 6 de marzo de 2014

Odiseo II parte: la Odisea desde Troya hasta los Infiernos

Cíclopes, lotófagos, lestrigones, Sirenas devorahombres,el airado Poseidón,la maga Circe... ¿Estáis preparados para la Odisea? 10 años tardó en volver a su querida Ítaca, que estaba cerquita, pero como tenía en su contra a Poseidón, ni el GPS le hubiera ayudado.

La primera parada de Ulises y compañía fue el país de los Cicones, allá por Tracia. Como se veían fuertes, se monta una carnicería del copón bendito. ¡Mirad qué fuertes iban los hombres de Ulises! 
Ulises sólo perdonó la vida a uno y porque era sacerdote de Apolo que si no... Se llamaba Marón y se libró de un marrón que pa' qué #chistaco Marón, agradecido y emocionado cual Lina Morgan, le regala 12 ánforas de vino dulce pero peleón a Ulises (¡Importante este dato del vino!). Pero los hombres de Uli pecaron de soberbia y siguieron dando por saco a los pobres cicones, ya medio muertos. Lo del fair play como que no... Por su soberbia, acabaron pereciendo unos cuantos compis de Ulises. La hybris, un clásico de ayer, hoy y siempre.
Próxima estación: los lotófagos. Correspondencia con... Con... ¡Ay, qué pereza! Es igual: ¿quién quiere volver a Ítaca con lo bien que sabe el loto? Los hombres que Uli mandó para inspeccionar el país se olvidaron de su propia tierra de lo a gusto que estaban comiendo loto y no querían embarcar. El loto, el LSD de la mitología. ¡Droja dura, amigos! #diNOalloto #tengounlotoquepaqué

Saliendo de aquel fumadero, llegaron a Sicilia, la isla de los Cíclopes, los monstruosos hijos de Poseidón, con un único ojo. Os pongo una fotillo, para ver si le encontráis pareja a nuestro cíclope Polifemo. Tiene una gran belleza interior, ¿eh? 



Ulises y sus hombres inspeccionan la isla. Llegan a una cueva llena de queso y pieles de cabra. Los hombres de Ulises insisten en comer YA. ¡Joer, Uli! Menuda panda de gorrones tienes por compañeros... Que se espera al anfitrión, hombre yaaaa!! Cuando están comiendo a dos manos, llega Polifemo, el habitante de la cueva. "¿Qué pelotas hacéis comiendo mi queso, enanos?" #tengouncabreo ¡Ea, ea, ea, Poli se cabrea! Y Polifemo se come a dos hombres de Ulises sin pestañear. Con un ojo, pestañear supone una actividad de riesgo. Ulises saca las 12 ánforas de vino peleón y se las ofrece a Poli,que jamás había probado el vino.Antes de caer redondo, promete comerse a Uli pero el último. La típica exaltación de la amistad que trae el calimocho, vamos... ¿Cuál es el colmo de un cíclope? Tener un solo ojo y pillarse un ciego del copón xD #chistaco #tengounciego digooo #tengounmito
Antes de dormir la mona, Polifemo le pregunta cómo se llama a Ulises. "Me llamo Nadie". #genialidadtáctica #crack Ulises y compañía afilan un palo hasta hacerlo estaca y se lo clavan en el ojo a Poli. ¡Menudo palo! ¡Vaya ojo q tenía Ulises!
Polifemo, que ahora va ciego por partida doble, descubre ese tremendo y trágico episodio de la naturaleza humana: la resaca. Sale Poli gritando de su cueva. Vienen los otros cíclopes. "¿Cápasao, Poli?" "¡Que me han dejado ciego!" "¿Quién?" "NADIE me ha dejado ciego." "Con que nadie te ha dejado ciego, ¿eh? Claro, claro..." Y Poli vuelve desconsolado, sin ojo y con resaca a su cueva. Ulises y demás consiguen salir a cuatro patas, bajo las ovejas del cíclope, que palpaba sus lomos para que no le dieran griego por oveja. Reflexión: pedazo de ovejas las de Polifemo, no? ¡Menudos mostrencos! Embarcan lejos de los cíclopes pero a partir de aquí la cosa se complica. Recordemos que Polifemo era hijo de Poseidón, dios del mar. Uli, la has liado parda...


Llegan a la isla del dios del viento, Eolo.
Como le cae bien Uli, le da un odre con todos los vientos chungos dentro. Sólo quedan fuera los vientos buenos, que los llevarían a Ítaca. Pero los mamones que tiene Ulises por compañeros creen que en el odre hay oro. Así que, cuando ya se veía Ítaca, deciden abrirlo mientras Ulises echaba una siesta. Todos los vientos se desatan y se van a la porra.Tal cual.
Ulises a sus hombres: "Pa qué tocáis, ¿eh? ¡¿Pa qué tocáis nada?! " Aparecen de nuevo en la isla de Eolo que les dice, obviamente, que ya no puede ayudarles. El pleno de los dioses cree que Ulises no merece volver #glups Yo soy Ulises y los tiro por la borda...

Vuelven a navegar y acaban en el país de los lestrigones. Suena mal ya, ¿no? Manda una avanzadilla de hombres a ver qué hay por ahí. Aparece una niña que los conduce ante su papi,el rey Antífates.Todo son risas hasta que descubres que los lestrigones son caníbales. ¡Encima eran enormes! De hecho, la niña que parecía normal tenía 3 años o por ahí. Los lestrigones, los parientes chungos del primo de Zumosol. Mueren un montón de compis de Uli y se tienen que marchar evitando morir ahogados por las rocas que les lanzaban. 

Ahora llegan a Eea, la isla de la maga Circe, que convertía a los hombres en cerdos. ¡Hasta los cerdos tienen origen mitológico! 

Cuando Ulises ve que la expedición de hombres no vuelve, se interna en la isla. Antes de llegar al palacio de Circe se le aparece Hermes, que le hace spoiler y le dice que si no quiere ser un cerdo, tiene que comerse unos hierbajos. Ulises pone cara de "¿qué me estas contando?" pero se traga la alfalfa esa rara y va pa' casa Circe. Ésta le ofrece la poción que le habría de convertir en cerdo peeero, como nuestro Uli se había tomado móly -o séase, la alfalfa esa raruna-, no se convierte, ante el pasmo de Circe. Y no sólo se queda flipando: Circe se enamora de Odi/Uli. Esto nos permite deducir que a Circe le gustaban los inalcanzables y/o casados. Serás muy maga, Circe, hija mía, pero ese fallo es muy de mujer mortal! #tengountino Y ¿cuál creéis que fue la reacción de Odi? Pues acostarse con ella dejándola embarazada, clarísimamente. Total, ya q estaba ahí... #NO Y la pobre Penélope qué, eh? Ahí, cose que te cose pa' despistar a los pretendientes y Ulises, living la vida loca! FOTO
Los nombres de los hijos de Circe y Odiseo no tienen desperdicio: Agrio, Latino y Telégono....Os pongo una foto del palacio de Circe, que era lo más parecido a una hit-parade o a una romería!

#tengouncortijo
¿Cómo sale Uli del palacio de Circe? Pues gracias a Circe, que se pone blandita y le dice por dónde ir. Lo que no se haga por amor, no se hace por nada... Circe le chiva que tiene que ir a hablar con Tiresias. "¿Y ese dónde anda?" "En los Infiernos." o_O #miedito Y pa' allá se va Odi/Uli.

Cuando llega a los Infiernos,además dee encontrarse excompis d batalla, ve a su madre,que le explica el jari de los pretendientes en Ítaca :S Uli, hay que volverse a Ítaca YA, que Penélope no puede tejer na' más!

El adivino Tiresias le spoilea el viaje de vuelta completito. ¡Yo no sé cómo pudo seguir adelante, con todo lo que quedaba por pasar! Le dijo que,a pesar de todo lo chungo que quedaba,llegaría a casa y allí debería ir con un remo en busca de un pueblo que no supiera nada del mar...


Fin de la primera parte de la Odisea (para evitar empachos mitológicos!)

lunes, 3 de marzo de 2014

Odiseo (o Ulises) I parte: desde su nacimiento hasta Troya

Canta, oh Musa, en este #tengounmito las aventuras del laertíada, fértil en ardides, igual a Zeus en prudencia, el hábil Odiseo o Ulises. En esta cuenta bancamos a Ulises, a pesar de ser un embaucador de tomo y lomo. Se hace de querer, pero es un listillo igualmente. Como de Ulises se han escrito ríos de tinta, hoy sólo hablaré de su nacimiento y acontecimientos varios hasta su famoso retorno a casa. La Odisea habrá que contarla otro día, tuiteros míos.

Como todo héroe que se precie, hay versiones desde su nacimiento. La más normal es que su padre es Laertes (de ahí laertíada ) y su madre Anticlea. Pero también suena el odioso (dicen que de ahí podría venir el nombre Odiseo #NO) Sísifo como padre. Aquí apoyamos la paternidad de Laertes. Resulta que Anticlea iba caminando por el monte cuando se puso a llover, ciclogénesis explosiva incluida.Y tanto llovió que tuvo que dar a luz allí [Con respecto a la ciclogénesis de marras: que sepáis que también se podría decir galerna. Más clásico y menos emperifollado #inciso #sigo ].

La patria de Ulises, como todos sabéis, es Ítaca. Tuvo de profe también al centauro Quirón, como Aquiles. ¡Quirón era high level! Cuando Laertes se cansa de ser rey ( otro #tengounmito ), le sucede Ulises, heredando las riquezas de Ítaca: OVEJAS. Dadme un rebaño de ovejas y moveré al mundo, que dijo Ulises. No? NO?
Que nos quede claro pal día del examen: Ulises siempre estaba metido en todos los fregaos. El niño bonito que siempre dice la última palabra. Estuvo en la cacería del jabalí de Calidón, que era un bicharraco que le hubiera metido miedo hasta a Obélix. De hecho, se llevó una cicatriz (¡muy importante lo de la cicatriz esta, tuiteros!!!). Estuvo entre los pretendientes de la bellísima Helena. Evidentemente, ¿cómo se iba a perder semejante sarao? Pero era más listo que el hambre y cuando vio el gentío que quería a Helena como mujer, se dijo: "Mejor me pido a otra, tú!" Como veía muy agobiao a Tindáreo, "papi" (#JA) de Helena, le ayudó en el proceso de selección. Odiseo, creador del gabinete de RRHH. Es más: propuso el pacto de respetar al marido de Helena y de defenderla en caso de que alguien la raptara. Odiseo, ¡mejor estabas callao! Tindáreo, agradecido a más no poder, le da como esposa a una prima de Helena: Penélope, muy mona ella y hacendosa. Aficiones: tejer. No me consta que llevara ningún bolso de piel marrón Penélope...

Con Penélope se casó y tuvieron un hijo, Telémaco ("el que lucha de lejos"). A poco de nacer, viene Agamenon y compañía a llevarle a Troya. Como Ulises no quiere ir, se hace el loco y se pone a arar la playa como si fueran campos. Pero un desalmao le pone al bebé Telémaco delante en plan "Si está tan loco, se llevará al hijo por delante y como si tal cosa". Esta táctica es de hijoputismo extremo, ¿no os parece? Evidentemente, Odiseo para el arado con bueyes y demás y recoge a su bebé. Tiene que ir a la guerra pero antes hacen una escala en Esciros. ¿Quién había en Esciros? Pista!! Un guerrero que se hacía llamar Pirra, como si fuera una chica. ¿Quién se acuerda? Va, que os pongo positivo ;) La respuesta era Aquiles, disfrazado de mujer en el harén de Licomedes. Esa rubia quer, en vez de mirar las joyas y vestidos, miraba espadas. Necesitaban a Aquiles parae ganar Troya, según un oráculo, y fue Odiseo quien tuvo la idea d hacerse pasar por comerciante y reclutar a Aquiles. Después de lo que le habían hecho con su bebé Telémaco, ¿quién podría juzgarle? O vamos todos o no vamos ninguno, copón! Odiseo dixit.
¿Os acordáis de cuando los barcos griegos no podían zarpar a Troya por falta de viento? Recordad: Ártemis reclamaba el sacrificio de Ifigenia. ¿Quién se inventó la excusa para que Ifigenia viniese a Áulide, creyendo que era para casarse con Aquiles? Odiseo también. De rumores va la cosa: dicen que hubo una riña entre Aquiles y Odiseo. No hay nada confirmado a pesar de que Agamenon estaría encantado con ello.

También estuvo metido en el lío de Filoctetes. Este era un griego al que, al hacer una parada técnica camino a Troya, le picó una serpiente en el pie. Como la serpiente era venenosa, la herida despedía un pestazo que ni Devorolor. Olía tan mal que el resto de griegos zarpó sin él a Troya o_O ¿Sabéis dónde perdió la zapatilla Jesucristo? ¿No? Filoctetes lo sabía y se la probaba y tal...Muy heavy que te dejen ahí porque huelas mal. Luego lo intentaron camuflar y dijeron que Filoctetes gritaba mucho. Ya vendréis, cabrones, ya... (SPOILER: el oráculo dice que sin las flechas de Hércules no se ganaba Troya. Y ¿quién tenía estas flechas? ¡¡Filoctetes!!¡Toma justicia poética! Y¿ a quién le tocó el marrón de recuperar a Filoctetes, 9 años después? “¡Que vaya Ulises, q lo convence fijo!” Y venga pa' allá ). Todo son risas hasta que tienes que volver a por el mofeta Filoctetes 9 años después. ¿Cómo olería, virgen santa? ¡Peor que un pasillo de la ESO! A todo esto, le convence diciendo que le curará la herida un descendiente del dios de la medicina Esculapio. 'Xageraaaaaaoooo!!!

Ya en la guerra, se hizo súper colegui de Diomedes, hasta el punto de que los llamaban Pili y Mili. ¿Que había que ir de espía a Troya? Pili y Mili ya estaban saliendo. ¿Que había que matar a Reso? ¡Pa' allá que iban! ¿Que hay que robar el Paladio? ¡¡Vamos!! Todo iba muy bien hasta que en plena batalla Diomedes hiere a Afrodita -que iba de incógnito- en la mano. Pero a ver, Afrodita: ¿¿qué pelotas haces ahí en medio?? Afrodita se la juró bien jurada. A la vuelta de Troya, la mujer de Diomedes le había puesto los cuernos ampliamente. ¡Qué rencorosa, la leche!

Odiseo también fue responsable del sacrificio de Polixena sobre la tumba de Aquiles; evitó la lapidación de Helena; tuvo la idea del caballo... Arrojó muralla abajo al hijo de Héctor, Astianacte, que era un bebé. "Por si las moscas...", se dijo. Jopetas, Uli: ¡era un BEBÉ! :( Y también se dice que la capa de ozono se agujereó por primera vez por Ulises #vengayahombre ¿Qué pasa, que no había más griegos o cómo? 

Y hasta aquí llega el #tengounmito de hoy, tuiteros. Continuaré la semana que viene con su regreso. ¡Toda una odisea! #guiñoguiño #chistaco


GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!!! ¡Sois lo mejor de lo mejor! El Olimpo entero y yo os queremos un montón #chimpon

domingo, 23 de febrero de 2014

Rómulo y Remo

Empezamos #tengounmito :) Los invitados mitológicos de hoy serán Rómulo y Remo. ¡¡Un aplauso para ellos!!

Antes de hablar propiamente de los chicos, repasemos su árbol genealógico. Para ello, hay que irse a Troya, con Eneas.

Eneas, hijo de Venus y Anquises, se salvó por los pelos en la guerra porque Mercurio le trajo este mensaje de Júpiter: “Funda una nueva Troya”. Claro que no le dijeron dónde, así que al pobre Eneas le tocó ir por todos los mares conocidos, sin rumbo claro. Los dioses, siempre tan chistosos... Encima Juno se la tenía jurada a los troyanos y, por ende, a Eneas, con lo cual lo tenía muy fastidiao. Le hizo desembarcar en Cartago, con Dido. 

Dido y Eneas, mi historia mitológica favorita de amor... Trágica como pocas, explica el odio eterno entre cartagineses y futuros romanos. Otro día que estemos de romanticismo subido hablamos de los amores de Dido y Eneas, ¿vale? Seguimos con Eneas, antepasado de los gemelos.

Eneas, previa parada en los Infiernos, descubre dónde debe fundar la nueva Troya: en Italia. Pero claro, allí ya había gente. Un pequeño inconveniente... Bajar a los infiernos -mitológicos o los de cada día- siempre resulta tan ilustrativo... ¡Pa' que luego me pregunten para qué sirven las Clásicas!

En Italia había un rey llamado Latino, con una hija, Lavinia. Le había dado su mano a un autóctono, Turno, del pueblo de los rútulos. Turno, ese nombre con el que se pueden hacer bromas hasta hartarse... Así que desde aquí mi petición: no pongáis Turno a vuestros hijos.

El rey Latino -de aquí la zona central de Italia, el Lacio; hay también un equipo d fútbol, ¿no?- en cuanto ve a Eneas, decide hacerlo su yerno. Latino rompe la promesa a Turno -"Turno, espera tu turno" "Se te ha pasado el turno, Turno" "Cambio de turno, Turno" #chistaco #dinoaturno
Turno, obviamente, se cabrea como una mona y le declara la guerra a Eneas y sus compañeros. (SPOILER: gana Eneas y se queda con la chica).
Tenemos testimonio gráfico del momento en que Eneas machaca a Turno. ¡Pobritin mío! ¿No os da penina?



Eneas se casa con Lavinia y funda una nueva ciudad, nombrándola como su mujer, Lavinium. Pa' morirse de amor con Eneas <3 #losromanticos

Eneas, por cierto, venía con un hijo de un matrimonio anterior. El chaval se llamaba Ascanio pero, al llegar a Italia, le llamaron Julo. ¿Que por qué el cambio de nombre? A Virgilio le venía de maravilla para emparentar la dinastía Julia -J. César, Augusto- con dioses como Venus; ahora que también pudo ser porque Ascanio era un adolescente en crisis de identidad, un rebelde sin causa... ¡Vaya usted a saber!

Ya de mayor, Julo se marchó de Lavinium a fundar otra ciudad, llamada Alba Longa.Uno de los descendientes de Julo fue el bisabuelo de los gemelos, Procas. Éste tenía dos hijos, Numítor y Amulio. Al morir, le tocaba heredar a Numítor, pero Amulio decidió dar un golpe de estado -Amulio, ese nombre de matón de patio de colegio... Amulio y Turno, el primigenio "Dúo Sacapuntas"-. Encerró a Numítor en prisión y mató a sus hijos varones, no fuera que alguno vengara a su padre el día de mañana.

Había una chica, Rea Silvia. Amulio decide no matarla pero la convierte en vestal, sacerdotisa de la diosa Vesta, obligada a la castidad so pena de muerte -históricamente, existían en Roma las Vestales y las acusadas de romper el celibato eran enterradas vivas. Esto no es un mito, amiguitos-. Rea Silvia no daría, pues, varones que vengaran a Numítor. Todo controlado, ¿no? No contaba Amulio con Marte, dios de la guerra y un poco del amor.

Y es que dice el mito que Marte dejó de hacer la guerra y se puso con el amor en cuanto vio a Rea Silvia. Y ¿qué es una prisión para un dios? ¡NA! Tenemos foto del momentazo entre Marte y Rea Silvia!


Rea Silvia tiene cara de asustadilla, pero, oiga, es que impresiona mucho ver de repente un dios en tu celda ¡y con cuerpo de jota! Marte no yerra el tiro: la deja embarazada de gemelos, nuestros queridos Rómulo y Remo #artista #punteria #porlosegao #tengounmito

Embarazada y encerrada; Amulio, que no la mató porque, siendo Vestal, no tendría hijos jamás. Rea Silvia inventa lo de "Houston, we have a problem". No me preguntéis cómo, pero consigue llevar de incógnito el embarazo y darlos a luz sin que Amulio se entere ni ninguna Vestal se lo chive. Decide meter a sus pequeñines, envueltos en ricas ropas, en una cestita y arrojarlos al río Tíber: mejor en manos del Destino que no de Amulio. Quiso el Destino que el río aflojase su corriente y dejase la cestita con los gemelos en tierra seca, donde habrá la Urbs, la Ciudad Eterna, Roma.

Los bebés, como no podía ser de otra manera, se ponen a llorar. ¡Y mirad quién les viene a cuidar y a alimentar!



Al pasar unos días, un pastor, Faústulo, se fija en el extraño recorrido que hace esa loba y decide seguirla. ¡Flipa en colores, claramente! Faústulo lleva a los niños a su casa y los cuida como suyos junto con su esposa Aca Larencia. Otra hermosura de nombre, ¿verdad? #NO

Loba en latín es 'lupa', que hacía también referencia a 'puta'. Los padres de la iglesia católica decidieron que en realidad no había loba y empezaron a decir que Larencia era una lupa pero de las que andan a 2 patas. Nada de eso, tuiteros míos: el mito es claro y la iconografía también. Los romanos no se andaban con historias: si hubiera sido una puta, lo hubieran dicho sin más. Mirad la representación.


Los gemelos crecen. Se les da de maravilla la cacería, como a su papi. Un día cazan un ciervo con un arco. Pero al ir a recoger la flecha, se encuentran con los soldados de Amulio, diciendo que esa flecha era de ellos y, por tanto, el ciervo era del rey. Los ricos, abusando desde siempre...

Se produce un rifi rafe del copón y Remo acaba en el cuartelillo. Rómulo vuelve a casa a contarle a Fáustulo lo ocurrido. Fáustulo le confiesa sus verdaderos padres y le anima a liberar a su hermano y darle a Amulio por donde amargan los pepinos. ¡Dicho y hecho! Rómulo libera a Remo, mata a Amulio y vuelven a poner en el trono a Numítor, su tío verdadero. Happy ending? Esperaos, tuiteros míos...

Rómulo y Remo se van a fundar otra ciudad allí donde el Tíber abandonó su canastilla cuando eran unos churumbeles. Empiezan los desacuerdos: tienen diferencias respecto a la zona exacta de fundación. Deciden consultar los augurios, es decir, el vuelo de las aves. Remo ve 6 pájaros -juraría que eran buitres- y Rómulo, 12. Gana Rómulo y decide el sitio exacto de la nueva ciudad, pero Remo tiene mal perder. Cuando Rómulo está trazando en el suelo los límites de la ciudad, Remo se ríe de él y los cruza. Rómulo, que no sabía qué era una broma, lo mata -estáis todos asociándolo con Caín y Abel, ¿verdad? ¡Así me gusta, clase!-.

A partir de ahí, Rómulo funda en solitario Roma, llamada así por su fundador -si no, hubiera sido Rema (espacio para chistes malos).

Fin de la historia de Rómulo y Remo, los primeros gemelos q (se) golpearon dos veces ;) #tengounmito


Como siempre, GRACIAS por estar aquí leyéndome.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Contar contigo



“Y no me pesará acordarme de Elisa,
mientras pueda acordarme de mí,
mientras aliente un soplo de vida
 en este cuerpo.”



Si he de ser sincera, lo nuestro no comenzó bien. Aunque sólo nos lleváramos cuatro años, en según qué tramo de la vida, suponen un muro infranqueable, demasiado alto como para ver más allá de nuestras diferencias. Yo quería jugar a leer cómics en voz alta, impostando la voz y todo, y ella prefería salir con su pandilla de amigos, a ser posible, sin la acusica de su hermana pequeña que, de aquella, todo lo que oía lo cascaba a sus padres, sin miramientos ni calcular los efectos colaterales de semejantes confesiones. Para que os hagáis una idea: recuerdo haber comentado en medio de una cena, entre “pásame el pan” y “échame agua”, que la había oído decir “joder”. Silencio en la mesa; mi padre fulminándola con la mirada; ella, callada, roja y seguramente jurando matarme en cuanto tuviera ocasión. Así que no: no tuvimos buenos comienzos.

De repente, un día nuestra relación cambió. No sabría decir cuándo exactamente ni por qué motivo. El caso es que se empezó a forjar entre nosotras un pequeño pacto: lo que la una le contaba a la otra  de ahí no salía. Al principio eran cosas triviales: alguna anécdota graciosa con cierto profesor; estar nerviosa ante un examen de matemáticas; una compañera de clase que no caía demasiado bien... Después la cosa fue ganando en profundidad: lo que no nos gustaba de nuestros padres, de nuestras vidas y cuerpos adolescentes... Para cuando apareció el amor en formato de flirteo juvenil, la una no concebía no contárselo a la otra. Una servidora ha escrito muchos diarios a lo largo de su existencia. Los que escribía a los diez años eran tremendamente ingenuos en contenido -“Hoy me he levantado a las 9:45h., diario, y he desayunado leche con tostadas y miel”-, hecho que fue cambiando de manera directamente proporcional a los años cumplidos. Ella ha leído todos y cada uno de ellos, sin que ello nunca me haya parecido una incoherencia. Es más, siempre lo he considerado un alivio, un descanso tremendo el poder contárselo todo: con ella no debo ocultar nada, ni siquiera lo más escabroso o vergonzoso. Ella significa estar en casa, estar a salvo. No me juzga jamás y, aunque no esté de acuerdo con lo que piense, sienta o diga, ni se plantea por ello no estar a mi lado. Si el amor de tu vida es aquel que te acepta tal cual eres, no te intenta cambiar y daría lo que fuera por ti, sin duda alguna, ella es el amor de mi vida.

Tampoco creáis que la historia ha sido perfecta: a veces – me matará por haber escrito esto- no he sabido estar en mi sitio. Seguro que me ha perdonado y hasta lo habrá olvidado: soy yo la única que daría cualquier cosa por volver atrás y cambiar aquella etapa en que no supe estar donde debía. De ahí su grandeza: aun habiéndole fallado, sabe pasar hoja perfectamente, sin resquicio de rencor oculto -si algunos de los que estáis leyendo esto también le habéis fallado, sabéis que lo que digo es la pura verdad.

Ambas nos hemos ido haciendo mayores. Hemos ido pasando por muchísimas situaciones, algunas buenas; otras, a pesar de la sonrisa, nada buenas. A veces, hasta hemos estado muy cerquita de dejarnos vencer por el cansancio, por la vida perra y tacaña, por las traiciones, por las decepciones, por las elevadas expectativas de nuestros propios futuros que insisten en no mostrarse diáfanos, por el vacío que a veces se estira más que un chicle, por la desorientación que los cambios de etapa dejan en la boca del estómago, por el miedo, por el amor – presente o ausente, da igual qué variante-... Pero si nunca hemos cruzado más allá de la línea del “muy cerquita”, es porque con el paso de los años hemos comprendido que la una cuenta con la otra -”compañera, usted sabe que puede contar conmigo, no hasta dos o hasta diez, sino contar conmigo”- y que si una dijese “que se pare el mundo, que yo me bajo”, le haría una putada gordísima a la otra. Prácticamente insoportable.

A día de hoy, después de tantos tiros pegados, tantas vidas y, por consiguiente, tantas muertes vividas, no sabría vivir sin ella al otro lado del teléfono. Ella es la sombra del buen árbol que siempre me da cobijo; ella es el espejo donde no temo mirarme; ella es mi mitad, aquello que ya tengo y lo que no; ella es lo inamovible, con lo que siempre puedo contar; ella es mi amor más allá de modas o convenciones; ella es mi debilidad, mi fe, mi fortaleza y mi orgullo.

Ella es mi hermana y se llama Eli.

Te quiero, Eli. Siempre es -y será- siempre.

Luci.

lunes, 18 de noviembre de 2013

No es falta de tiempo, es falta de educación

“Muchas gracias por tu email; le echo un ojo y te comento. Gracias. Un saludo.”


He tardado exactamente 30 segundos en escribir la frase con la que empiezo este post, 30 segundos que no me van a hacer perder el día, 30 segundos que no van a ninguna parte.


Y yo pregunto: ¿cuántos emails se quedan sin responder aunque sea con esta respuesta de “bien-queda”? Infinitos. No se trata de falta de tiempo, ni de volumen de trabajo, ni de falta de organización; se trata simple y llanamente de falta de educación.


Me da igual que seas el presidente de Telefónica, el presidente del Gobierno o el mismísimo Juan Carlos I: si te llega un email a tu bandeja de entrada, tu obligación es responderlo, simplemente por deferencia a la persona que te ha escrito, por tratarla justamente como eso, como una persona.


En el mundo laboral en el que me muevo el email se estila mucho y es nuestra herramienta de trabajo. Pues no os imagináis la cantidad de emails que muchas veces no reciben respuesta.
Y ¡ojo!, que no estoy pidiendo una respuesta tipo “Querido diario…”; me basta con una respuesta. Quizá la moda de favoritear un tuit cuando lo has leído pero no sabes qué contestar debería ser adoptada para los emails. Así, por lo menos, no te quedarás con cara de tonta esperando una respuesta de alguien que no te contesta pero se pasa 6 horas tuiteando -sí, esto me ha ocurrido- o actualizando su Linkedin.


Lo digo claramente desde aquí: ese tipo de personas pasan a engrosar mi lista de personas maleducadas, no de personas ocupadísimas que -las pobres- no tienen tiempo para juntar cuatro letras para contestarte. ¡No! No has contestado porque en tu fuero interno te sientes superior al resto de nosotros de alguna manera, sin darte cuenta de que “arrieritos somos y en el camino nos encontramos”. Quizá yo ahora necesite algo de ti y donde da la vuelta el aire lo necesitarás tú de mí. Si no lo haces por educación, hazlo por lo menos por egoísmo, pensando en algún futuro beneficio.



No hablemos ya de si lo que esperas es el veredicto de una entrevista de trabajo,  ese es otro tema que da para otro post: empresas que van de grandes y ya desde el proceso de selección dejan y mucho que desear. Esa función debería estar implementada en Linkedin: como en las páginas de hoteles que se valoran con estrellitas, estaría bien poder valorar a las empresas en función de cómo tratan a una persona que supuestamente quieren incorporar a su “familia”. Nos llevaríamos muchísimas sorpresas de ciertas empresas que van con la bandera de los derechos humanos e inculcando valores y luego son los mayores tiranos con sus trabajadores y futuros trabajadores, pero esa es otra historia.

En definitiva y para no aburriros, todo se reduce a una frase: “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. Piensa que para otra persona tu respuesta quizá es un alivio personal

domingo, 20 de enero de 2013

Contrato emocional




Acordemos una noche entre tú y yo. Juraré solemnemente que no habrá amor si tú prometes hacer como si lo hubiera. Hablaremos mucho o nada en absoluto: no importará siempre y cuando la noche transcurra estrictamente entre tú y yo.
Deberás estar cerca de mí y será de obligado cumplimiento que cada cierto tiempo -que no exceda de un instante- el uno toque al otro para así sentir esa electricidad que reavivará mi entumecido corazón. Nos miraremos a los ojos, bien adentro, con toda la atención de que seamos capaces, pues, cansados como estamos del resto del mundo, bien sabremos que nada mejor hay ahí afuera.

Tómate tu tiempo al mirarme a los ojos: comprueba con ojo experto cómo surcan las decepciones mis pupilas, cómo las historias que murieron antes de haber nacido han oscurecido mi iris, cómo te hablan de mis noches en vela las arrugas que envuelven mis ojos. Intuye cómo era yo antes de este inmenso vacío. Enséñame, después, a leer los tuyos: dónde tienes las marcas de las batallas perdidas? Dónde se esconden los daños que has provocado y dónde los que te han infligido? Finge brillo en tu mirada para que yo también pueda maldecir el no haberte conocido antes de este inmenso vacío.

Toma mi mano con sencillez. No pidas ni siquiera permiso, pues no es un tesoro que muchos codicien. Recorre el dorso de la mía con tu pulgar, distraído, como si ese gesto no implicara nada en absoluto. Déjame recordar cómo se entrelazan los dedos: la sensación de echar raíces al hundir los míos en los tuyos, la ilusión de nexo inquebrantable...

No nos avergonzará el silencio que precederá al beso, pues los dos sabremos que no es más que otra cláusula de este contrato emocional. Deja que inunde la habitación, sin prisa, sin azorarnos pues no hay emociones en juego. Te dejaré hacer como si toda yo te perteneciera. Te haré creer que te siento mío. Y no habrá riesgo en ello, pues previamente habremos dejado nuestros corazones en el umbral de la puerta.

Te permitiré contar mis cicatrices si a cambio tú me enseñas las tuyas para poder marcarlas con un beso tierno. Exorciza mi miedo a ser invisible haciéndome visible sobre tu piel. Hazme real por unos instantes, para que pueda olvidar que hace mucho tiempo que estoy muerta. Mi entrega parecerá incondicional: prometo que no notarás la diferencia. Me abriré a ti en canal y por un instante dejaré al pie de la cama todas las Lucía que he sido para sólo ser, sólo sentir, sólo vivir. Tendrás el mismo derecho a desprenderte de tus yo anteriores y yo haré como que no he sido testigo de semejante intimidad siempre y cuando accedas a abrazarme hasta que me quede dormida. Respira contra mi nuca. Junta mis pedazos rotos con el poder curativo de tus brazos. Deséame buenas noches al oído, en un susurro apenas perceptible. No importarán tanto las palabras como la sensación de ser su destinataria entre las paredes que tanto silencio cobijan.

Prometo solemnemente al día siguiente mirarte con la huera cortesía de los desconocidos. El olvido más tupido tomará mi mirada y tamizará la emoción en mis palabras. Al día siguiente, todo será rígido, todo formalismos. Nadie – ni siquiera nosotros mismos- llegará a pensar que hemos sido capaces de semejante intimidad.

martes, 11 de septiembre de 2012

50 Sombras de Cullen

“Sí, éste es el libro del que todo el mundo habla”. Desde ese momento, empiezo a oír hablar de él, aparecen comentarios del dichoso libro en mi muro de Facebook e incluso en el último capítulo de Weeds que veo comentan algo de un tal señor Grey.

A leer se ha dicho.

Desde la primera linea, mi ceja izquierda se arquea, irónica. “¿Narración en primera persona?” No es especialmente común y recuerdo perfectamente qué adorable saga -y no hay ni una pizca de sarcasmo en ello: la ADORO. Si para alguien ya no es válida mi opinión, gracias por su visita y cierre con cuidado al salir- hacía que su protagonista narrase su fantástica historia de amor vampírica en primera del singular.

Las comparaciones saltan una tras otra: la protagonista es una mujer joven, delgada aunque no atlética -muestra la misma, exacta torpeza para los deportes que mi querida Bella-, de piel clara y delicada, amante de la literatura inglesa tipo Austen, Brönte y compañía, soltera y virgen, para más señas. Si Isabella Marie Swan era el nombre de la futura vampira, nótese que en “50 Sombras de Grey” la protagonista se llama Anastasia Rose Steel – nombre compuesto y apellido también comenzado por la letra ese: ¿mera coincidencia o soy una paranoide crepuscular irrecuperable?-, dotada de ojos azules y melena morena indomable –veo que ya se han otorgado los derechos cinematográficos: parece que la autora se haya adelantado a su petardazo a nivel mundial y haya decidido, para facilitarle el trabajo a la productora, describir a su protagonista como la actriz del momento, Kristen Stewart. Nuestra protagonista, para más inri, vive en Seattle, misma zona en la que se desarrollaban las aventuras y desventuras de la futura señora Cullen. La autora ha dotado -hurra por la originalidad de la señora James!- a Anastasia de sueños realmente vívidos, casi premonitorios, cosa que también le ocurría a Bella durante su período humano.

Los problemas con la comida tampoco son nuevos: Bella no comía demasiado y menos cuando Edward estaba presente, el cual, exactamente igual que Christian Grey, se presentaba tremendamente preocupado con respecto a este tema, dada la preocupación que ambos personajes masculinos comparten con respecto a sus féminas: mantener al objeto de su adoración en buenas condiciones físicas, materiales y mentales.

Sigue el calco con la familia. Al igual que Reneé, la madre de Anastasia es despistada, más infantil que su hija, se ha casado más de una vez y se dedica a las más variopintas e inútiles aficiones. En ambas sagas, la madre vive muy lejos -nótese que ambas viven en una zona tremendamente soleada, como Phoenix en el caso de Reneé y Georgia en el de Carla- de su hija, con quien se comunica por teléfono. Vuelve el plagio y mi pasmo ante la poca originalidad y vergüenza de E.L. James con la primera conversación telefónica entre madre e hija: la madre nota ominosamente que algo le ocurre a su hija y que ello tiene que ver con chicos, a lo cual Anastasia -como antes hiciera Bella- contesta con evasivas y colgando rápidamente el teléfono pues la señorita Steel -como le pasaba a la Swan- padece de vergüencitis aguda. Podría seguir con el padre de Anastasia que, cual Charlie, es taciturno, está divorciado y le gusta pescar.

La familia de Grey, otro tanto de lo mismo: tenemos a los Cullen en acción. El padre de Christian es médico, como lo era Carlisle, y Mia recuerda tremendamente a Alice. Y no puede faltar Rosalie, claro: lo único es que, para evitar la demanda de plagio, supongo, la ha colocado en la figura de Kate Kavanagh, amiga de Anastasia, guapérrima hasta en pijama de franela -lo cual aprovecha Anastasia Swan para sentirse mal, una vez más-, de carácter fuerte y marcado, que no duda en ponerle malas caras a Christian. Y claro, tampoco podía faltar un Jacob, así que la autora, sudando por el esfuerzo, crea el personaje de José – Dios santo, también empieza por J!!-, amigo pagafantas de Anastasia, de origen hispanoamericano, porque si me lo llega a hacer quileutte quemo el libro por indignación espontánea -nótese el deliberado uso desordenado de una frase tan, tan crepuscular que la autora de la saga sadomasoquista no duda en utilizar sin complejos.

Lo del tema de la vergüenza y la falta de autoestima se merece un párrafo a parte y bien largo, para que una servidora se despache a gusto. ¿Es que ahora para arrasar en las librerías de todo el mundo va a haber que dotar a las protagonistas de un complejo enorme, absurdo y cansino de inferioridad, que busca la realización de sí misma en el otro? ¿Es que ahora todas las heroínas tienen que sentirse feas -sin motivo comprensible, sin justificación alguna, rozando suavemente el límite de la estupidez o la falsedad- para ser redescubiertas por un hombre que les diga lo que son en realidad? ¿Es que ahora hay que sonrojarse cada tres segundos y morderse el labio -cual Bella Swan, cual Kristen Stewart- para ser tremendamente sexy? ¿Qué tipo de mensaje en clave se nos quiere transmitir? ¿Que la inseguridad es sexy? ¿Que morderse el labio y mirarse a los nudillos es afrodisíaco para los hombres? ¿Fingir ser débil nos ayudará a encontrar a nuestro Edward Grey - o Christian Cullen, a elección de cada una- particular que nos salve de aquello que no sabemos hacer solas?


Sigue el refrito de la autora, describiendo a Grey con rasgos de Edward Cullen: pelo broncíneo, irresistiblemente atractivo, asombrosamente rico, drásticos cambios de humor, sonrisa absolutamente arrebatadora -igual que le pasaba a la señorita Swan, Anastasia pierde el poder de concentración ante Grey-, guardián de un oscuro pasado, que le advierte a Bella -perdón, Anastasia; no sé cómo me he podido volver a confundir...- de que no es bueno para ella, que, de hecho, debería huir de él -vamos, el “what if I'm the bad guy?” de Edward! Y vuelve el plagio -total, ya no viene de aquí-, esta vez recreando a la perfección una de las escenas de Crepúsculo, la película: la primera cena entre Bella y Edward. La camarera se sonroja, hiperventila y coquetea con Edward, el cual no aparta los ojos de Bella mientras ordena. En cuanto se marcha la camarera, Bella le recrimina lo injusto que es el devastador efecto que causa sobre las mujeres. Fácil será, entonces, ver el descarado plagio que hace la autora de “50 Sombras de Grey” cuando los protagonistas van a desayunar tortitas a un IHOP.


Querida señora James, dígame que todo esto es un experimento editorial en clave de broma. Dígame que, en realidad, sólo quiere demostrarnos que cualquiera puede escribir -con un estilo de lo más plano y nada cuidado: descrito un polvo, todos son exactamente idénticos, con sus verbos y adjetivos de siempre- una historia de éxito internacional, siempre y cuando siga la fórmula siguiente: Edward Cullen+Bella Swan+sexo sadomasoquista= BEST SELLER. Por favor, admita ya que esto no es un proyecto serio ni muchísimo menos -asumámoslo: el libro en sí no tiene trama alguna, salvo leer a qué nueva técnica sadomasoquística Christian someterá a la cada vez menos casta y pura Anastasia-, sino una especie de broma irónica que nos indica lo malvada y apático que es la gran industria editorial, capaz de hacernos pasar por novela transgresora lo que no pasa de ser un fan fiction y no de los mejores, porque una servidora ha leído muchos fan fiction de calidad, condenados al anonimato, por desgracia. De hecho, el tema del BDSM ya había sido tratado previamente por Paulo Coelho en Once minutos, libro que seguro ha leído esta autora, ya que también le copia las palabras de seguridad “amarillo” y “rojo” y el orgasmo con fusta. O sea, como los buenos alumnos: no lo copian todo de la Wikipedia, sino que miran otra página más, para que no se note tanto la descarada copia.

Lo que no entiendo es como las fans de Crepúsculo permiten que Bella y Edward -nuestros Edward y Bella, chicas, que tanto nos han hecho disfrutar!- sean burdamente imitados en un querer y no poder de tono pornográfico. Vale que la Meyer se había quedado corta en las escenas de sexo pero de ahí a montarse en el dólar con el refrito de una historia relativamente reciente, preocupándose únicamente en cambiar los nombres me parece demasié. A pesar de que este post compare ambas sagas, son incomparables y la prueba definitiva es que no siento ni la más mínima pizca de interés en continuar leyendo los otros dos libros de la exitosa saga, porque algo me dice que me encontraré Luna Nueva, Eclipse y Amanecer de alguna manera. Y para eso, mejor releo a la Meyer.